Alberto y Berta

Érase una vez...


Cuadros personalizados de Saal Digital

Lo primero que queremos hacer es dar las gracias a la gente de Saal Digital por el bono de 50€ con el que nos obsequiaron para poder probar sus cuadros personalizados. Tras mirar detenidamente en su web nos decidimos por el acabado "Aluminio Dibond Butlerfinish". Queriamos comprobar este famoso acabado en el que los blancos no se imprimen dejando a la vista el aluminio y en el que el negro es el único color que se imprime del todo. Es verdad que está más indicado para fotos en blanco y negro, pero como teníamos muy reciente nuestro último viaje a Jordania, elegimos una foto de "El Tesoro" en la Ciudad Perdida de Petra, con sus característicos tonos rosados y, como veréis más adelante, no nos arrepentimos para nada de nuestra elección.

Tras bajar la aplicación e instalarla en nuestro PC, el diseño del cuadro resultó muy sencillo, poco más que seleccionar la foto, así que en pocos minutos estaba hecho el pedido. Eso sí, la aplicación dispone de muchas opciones para ajustar el encuadre a tu gusto y hacer los cambios necesarios para que el resultado final sea perfecto.

Al cabo de unos días llegó el envío. Lo primero que llama la atención es lo bien que está embalado el cuadro. Una vez retirados todos los envoltorios, el cuadro queda al descubierto y sólo podemos decir que impresiona a primera vista, pero es a medida que vas moviendo el cuadro de un lado al otro cuando te das cuenta del secreto que esconde. Los tonos de los colores y sus brillos van cambiando según la luz incida de una manera u otra sobre el cuadro, lo que no deja de sorprender.

Como soporte para colgar optamos por el bastidor de aluminio, con el que consigues que el cuadro parezca flotar sobre la pared una vez colgado. Hay otras dos opciones disponibles, una de ellas son los colgadores estándar y la otra los soportes atornillables. El tamaño por el que optamos para nuestro cuadro fue de 30x45, con un grosor de aluminio de 3 milímetros, eso le da mucha firmeza (no se dobla ni arquea) pero a la vez hace que sea tan ligero que no necesitarás más que un “cuelga fácil” para montarlo en la pared.

En resumidas cuentas, muy contentos con la calidad de producto que ofrece Saal Digital. Desde aquí os animamos a que entréis en su web www.saal-digital.es y probéis alguno de los múltiples productos que ofrecen para dar vida a vuestras fotos, aparte de los cuadros hay álbumes digitales, cuadernos fotográficos, posters, tarjetas y muchas cosas más. Seguro que el resultado os dejara igual de satisfechos que a nosotros.

Saal Digital ofrece las mejores soluciones, ya seas un profesional de la imagen, un fotógrafo “amateur” o un simple aficionado a la fotografía. Déjate sorprender por ellos.

Cuadros personalizados de Saal Digital
Cuadros personalizados de Saal Digital
Cuadros personalizados de Saal Digital

Regalo de Aniversario

Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su choza pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba prendado de la belleza de su cabello, negro, largo, como hebras brillantes salidas de su rueca. Él iba cada día al mercado a vender algunas frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes una pipa vacía. No le llegaba el dinero para comprar un pellizco de tabaco.

Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalar a su marido. Y, además ¿con qué dinero?

Una idea cruzó su mente. Sintió un escalofrío al pensarlo, pero al decidirse todo su cuerpo se estremeció de gozo: vendería su pelo para comprarle tabaco.

Ya imaginaba a su hombre en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa: aromas de incienso y de jazmín darían al dueño del puestecillo la solemnidad y el prestigio de un verdadero comerciante.

Sólo obtuvo por su bello pelo unas cuentas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco. El perfume de las hojas arrugadas compensaba largamente el sacrificio de su pelo.

Al llegar la tarde regresó el marido. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos peines para su mujer, que acababa de comprar tras vender su pipa.

Regalo de Aniversario

Motivos de un Sentimiento

¡¡¡ Qué lo vamos a hacer !!!... es la era digital.

Acaba de terminar el partido y el móvil echa humo encima de la mesa del salón. Es como si tuviéramos que hablar inmediatamente con alguien para certificar que, efectivamente, el Atleti se acaba de cargar al Liverpool y está en una final europea tropecientos años después.

Lo primero es hablar con padre, no está su aorta para muchas filigranas después del aneurisma, pero parece ser que los médicos han hecho bien su trabajo y que aún le queda fútbol para rato, incluidas prorrogas de infarto como la de esta noche.

El siguiente es mi hermano, sí señor ya tocaba, después de los consabidos ¡¡¡ somos los mejores !!! con sus alabines y alabanes correspondientes, le pregunto por Daniel. El pobre ha caído en los brazos de Morfeo en el descanso y no ha podido ver el pepinazo de Forlán quitando las telarañas de las redes de Anfield. Probablemente esta mañana, en el desayuno, su padre le habrá tratado de explicar que su Atleti vuelve a ser grande y le enfundará su traje rojiblanco para ir al colegio presumiendo de colchonerismo, más chulo que un ocho.

Siguiente parada, en casa del Mayito que no os lo perdáis, a los cinco segundos del gol me ha mandado el sms más explícito que he recibido en mi vida, solo decía una cosa, GOL. Más tarde, hablando con él, me comenta que los últimos minutos no ha querido verlos porque piensa que es gafe. Amigo, creo que ya va siendo hora de exorcizar todos los gafes de una vez por todas.

Qué decir de Berta, sólo que tengo una mujer más maja que un sol que no me merezco, ha aguantado estoicamente los berridos y aspavientos de su marido y se conforma con que me baje de la lámpara y le de un beso antes de irse a la cama.

Esta mañana hay dos bufandas colgando de mi balcón, proclaman a los cuatro vientos que el Atleti ha vuelto a hacerlo, ha vuelto a dar el do de pecho cuando más difíciles estaban las cosas, para goce y disfrute de sus hinchas que, como bien sabe todo el mundo, son sufridores seguidores, pero eso sí, bendito sufrimiento.

Nunca nos cansaremos de ir a contracorriente.

¡¡¡ Del Atleti Soy !!!.

Motivos de un sentimiento

Motivos de un sentimiento

Habitación 212

Son las dos de la mañana y todo está tranquilo en la habitación 212 del hospital. Sólo la respiración de mi padre, que suena ronca a través de la cánula que perfora su garganta, rompe el silencio en esta su segunda noche tras la intervención que ha extirpado un tumor más de su cuello. Otra operación. Otro tumor.

Las preguntas se agolpan en mi cabeza y me mantienen en vigilia:

¿Cómo consigue levantarse una y otra vez tras volver a caer?

¿Qué extraño poder le impulsa a aguantar más allá de todo entendimiento?

¿Dónde está el límite de unas fuerzas que parecen inagotables?

Las respuestas no llegan, pero en su lugar aparecen dos sentimientos que van tomando fuerza en mí hasta hacerse casi palpables.

El primero es de admiración. Admiración por el coraje con el que afronta todas las trabas que esta perra vida pone en su camino. Admiración por un aguante fuera de lo común, en resumidas cuentas, admiración de un hijo por su padre.

El segundo sentimiento es de orgullo. Orgullo de que esa sangre que hoy mancha las vendas que rodean su cuello, sea la misma que corre por mis venas. Orgullo de poder llamarme hijo suyo.

Somos sólo meros espectadores en la lucha sin cuartel que libra desde hace ya tantos años y estoy convencido de que contemplaremos su victoria.

Si tú no desfalleces, siempre nos tendrás a tu lado. Es lo menos que podemos hacer.

Habitación 212

Thunder Road (La Carretera del Trueno)

Como no hacer un huequecito en este apartado a la mejor canción de la historia del Rock&Roll. Dejemos que Bruce Springsteen and The 'E' Street Band nos cuenten su cuento...

The screen door slams
Mary's dress waves
Like a vision she dances across the porch
As the radio plays
Roy Orbison singing for the lonely
Hey that's me and I want you only
Don't turn me home again
I just can't face myself alone again
Don't run back inside
darling you know just what I'm here for
So you're scared and you're thinking
That maybe we ain't that young anymore
Show a little faith, there's magic in the night
You ain't a beauty, but hey you're alright
Oh and that's alright with me

You can hide 'neath your covers
And study your pain
Make crosses from your lovers
Throw roses in the rain
Waste your summer praying in vain
For a savior to rise from these streets
Well now I'm no hero
That's understood
All the redemption I can offer, girl
Is beneath this dirty hood
With a chance to make it good somehow
Hey what else can we do now
Except roll down the window
And let the wind blow back your hair
Well the night's busting open
These two lanes will take us anywhere
We got one last chance to make it real
To trade in these wings on some wheels
Climb in back
Heaven's waiting on down the tracks
Oh oh come take my hand
Riding out tonight to case the promised land
Oh oh Thunder Road, oh Thunder Road
oh Thunder Road
Lying out there like a killer in the sun
Hey I know it's late we can make it if we run
Oh Thunder Road, sit tight take hold
Thunder Road

Well I got this guitar
And I learned how to make it talk
And my car's out back
If you're ready to take that long walk
From your front porch to my front seat
The door's open but the ride it ain't free
And I know you're lonely
For words that I ain't spoken
But tonight we'll be free
All the promises'll be broken
There were ghosts in the eyes
Of all the boys you sent away
They haunt this dusty beach road
In the skeleton frames of burned out Chevrolets

They scream your name at night in the street
Your graduation gown lies in rags at their feet
And in the lonely cool before dawn
You hear their engines roaring on
But when you get to the porch they're gone
On the wind, so Mary climb in
It's a town full of losers
And I'm pulling out of here to win.

Palabra del 'Boss'...

Thunder Road

5 de Febrero en Zamarramala

Dedicado a todas las bravas mujeres zamarriegas, pero muy en especial, a la mía...

Apenas despunta el alba cuando abre los ojos. Aunque ha conseguido conciliar el sueño, este no ha sido más que un inquieto aunque placentero duermevela en el que las imágenes, tantas veces vividas en su niñez en la figura de su madre, han vuelto a ella con una fuerza inusitada, casi palpable.

Fuera el cielo está teñido de un gris plomizo, lo que hace que la mortecina luz a duras penas consiga imponer su dominio sobre unas tinieblas que, como cada mañana, se resisten a rendirse en una batalla que saben perdida de antemano.

Cuando las ventanas se abren, un viento gélido se cuela en la habitación arrastrando consigo los primeros copos de nieve. Lo hace de una forma brusca, urgente, como buscando cobijo y consigue provocar en ella un escalofrío que recorre todo su cuerpo erizando el vello a su paso.

Nada es nuevo, todo es normal, no en vano es Febrero, y estamos en Zamarramala.

Sin embargo, el de hoy, no es un día cualquiera, es un día muy especial para ella. Por primera vez en su vida va a acompañar al Concejo de Aguederas en su día grande, y lo va a hacer como una más, bailando con ellas, comiendo con ellas y lo más importante, vestida como ellas.

Como todos los años en este día la casa está impregnada con unos olores muy familiares. El chorizo ya cuece lentamente en la olla puesta al fuego y el arroz con leche lleva preparado desde el día anterior, derramando por las estancias aromas de canela y vainilla que consiguen relajarla. Por un momento, los nervios que la atenazan parecen liberar, aunque de forma fugaz, su presa.

Las ropas que va a vestir ya están listas, son suyas por derecho y llevan esperándola desde tiempos inmemoriales. Su madre ha sido la encargada de tenerlo todo preparado. Durante los largos meses de invierno que azotan Castilla, aguja e hilo han sido su fiel compañía y se han encargado de torturar ojos y dedos en sesiones de costura interminables. Pero ahora el trabajo está terminado y listo para ser admirado en toda su magnitud. Se trata de una labor artesanal, única e irrepetible, que llena de satisfacción a la orgullosa madre, más si cabe por el hecho de saber que va a ser su hija la encargada de lucirla. De entre todas las piezas preparadas para la ocasión, hay una que sobresale con fuerza por encima de todas. Se trata del manteo, de un impresionante rojo escarlata y ribeteado por filigranas y abalorios que refulgen en un negro brillante como el azabache.

Madre e hija recogen todo lo necesario y se aprestan a salir a la calle. Los hombres de la casa, meros espectadores como siempre en esta jornada, se ofrecen para llevarlas e intentar evitar así que la nieve y el hielo traicionero puedan echar a perder tantas ilusiones puestas en este día, pero ellas rehúsan el ofrecimiento, este es su momento y ni siquiera las inclemencias del tiempo podrán evitar que puedan disfrutar de él como se merece. Así pues, el manto blanco que se extiende ante ellas al abrir la puerta de casa, se convierte en una improvisada alfombra sobre la que dirigirse caminando al lugar en el que se culminará la transformación y desde el que saldrán al encuentro de otras Aguederas.

Ese lugar no es otro que la casa de la abuela. Una vez que su hija y su nieta cruzan el umbral de la puerta, el rostro de la anciana mujer se ilumina, toda ella parece rejuvenecer por momentos, al tiempo que se convierte en la Maestra de Ceremonias de un rito ancestral grabado a fuego en su memoria a lo largo de los años. Ella también fue Aguedera, Alcaldesa incluso, pero ahora ya no se viste, hace tiempo que ha dejado paso a las nuevas generaciones y sin embargo su papel en esta historia es de una importancia vital. Nadie como ella conoce todos y cada uno de los pasos que hay que seguir para que cada pieza quede colocada en el lugar exacto, para que todo continúe en su sitio durante el baile, para que nada parezca colocado al azar. Sin su ayuda el resultado final no sería el mismo. Ella es la que, con su sabiduría, consigue convertirlo en algo extraordinario, diferenciándolo de otras celebraciones que tanto proliferan en otros lugares por estas fechas pero que, sólo en Zamarramala, adquiere el aura de misticismo que rodea esta fiesta y que le ha hecho merecedora de fama y renombre universal.

Si uno tiene la fortuna de poder admirar la escena desde fuera con la quietud que requiere, esta no deja de ser entrañable. Un humilde brasero pugna por alejar el frío del pequeño cuarto de estar en el que la abuela coloca los collares de cuentas en el cuello de la hija, mientras esta, a su vez, sujeta con alfileres el mantón de la nieta. Tres generaciones de zamarriegas participan de la fiesta en perfecta armonía y otras tantas generaciones de bravas mujeres que se remontan en el tiempo desde hace ya casi ocho siglos, parecen otorgar su beneplácito a dicha escena tantas veces repetida, pero que no por ello deja de sobrecoger.

El momento ha llegado, perfectamente pertrechadas y tras los retoques de última hora, madre e hija se disponen a salir. La dulzaina y el tamboril ya reclaman su presencia en la calle. Un año más, en el “baile de la rueda”, los manteos se moverán como sólo las zamarriegas saben moverlos.

Cuando franquean la puerta una repentina luminosidad ciega sus ojos durante unos breves instantes. Un sol de invierno ha conseguido abrirse paso a través de las nubes y se suma a la fiesta, seguramente es cosa de la Santa que ha obrado el milagro.

Eso tampoco es nuevo, también es normal, no en vano hoy es 5 de Febrero, Santa Agueda, y estamos en Zamarramala.

5 de Febrero en Zamarramala

5 de Febrero en Zamarramala

Recuerdos de una Madre

Es curioso por qué pasan ciertas cosas. Sin motivo aparente me pongo a pensar en mi Madre. Y me doy cuenta de que no es su cumpleaños, ni el día de la Madre, ni ninguna fecha señalada, y me alegro de que ocurra así, de improviso, de forma espontánea, pero es que, ¿de verdad tiene que haber un motivo especial para acordarse de una Madre?

Y de pronto, en ese estado de ensoñación, un tropel de recuerdos se agolpa ante mí, sin darme tiempo siquiera a procesarlos todos.

Los más lejanos me llevan a mi infancia, son recuerdos de no meter barros en casa, de no subirse a los sofás, pero también de natillas, flanes y charlotas, de chorizos de la abuela y níscalos de Marugán, de tareas para mañana, pasamontañas y katiuskas, del Peñascal, los terraplenes y las pistas de las calaveras. Hay algo que une a todos los recuerdos de esta época, casi todos son felices y todos ellos están envueltos por una fina capa de ternura, como sólo una Madre sabe envolverlos.

En los siguientes recuerdos ya no soy tan niño. Son los recuerdos del cambio, cambio del colegio al instituto, cambio de barrio, de casa e incluso cambio de cuerpo. También son los recuerdos del bar en Palazuelos, de Vespino, Lada Niva y Renault 8. Estos ya no son tan pueriles y no todos son buenos, pero en todos ellos está presente mi Madre. Siempre preocupada por todos nosotros, intentando protegernos de todo lo malo de ahí fuera.

El siguiente grupo me acerca más al presente, y sobre todos ellos sobresale con fuerza el recuerdo de mi Madre el día de mi boda, lo guapa que estaba, el brillo de sus ojos, su sonrisa radiante, sin duda era feliz, muy feliz. No sé si llegue a decirle lo orgulloso que me sentí ese día al llegar, con ella del brazo, a la Veracruz.

En el siguiente paquete los recuerdos buenos están en desventaja frente a los “menos buenos”. Son estos últimos los culpables de que aquella radiante sonrisa se haya ido encogiendo poco a poco. Son recuerdos de hospitales, de cirujanos y enfermeras, de noches en vela y días agotadores, de lucha sin cuartel hasta alcanzar la victoria. Pero siempre hay luces entre las sombras, y en este caso, esas luces son los recuerdos de la llegada de sus nietos, uno tras otro, todos tan diferentes y sin embargo, todos con algo de su abuela.

Son esos nietos los que ahora ocupan sus desvelos a tiempo completo. Nunca podrán agradecerle todo lo que está haciendo por ellos. Con ella están aprendiendo a comer, están aprendiendo modales, pero sobretodo, están aprendiendo a ser buenas personas, y ese es el mejor regalo que su abuela puede hacerles.

Quiero seguir almacenando recuerdos de mi Madre, quiero seguir aprendiendo de ella, quiero impregnarme de su fuerza, quiero verla reír como una niña, quiero disfrutar de las pequeñas cosas junto a ella y además quiero hacerlo como ella lo hace, sin esperar nada a cambio.

Dedicación absoluta, ternura infinita, bondad sin límites. El pilar que sostiene nuestra familia, esa es mi Madre.

Recuerdos de una Madre

Molon Labe

El embajador del todopoderoso Jerjes, amo de Asia, Rey de Reyes, llega al desfiladero de las Termópilas. Va cubierto de ricas telas. Cadenas de oro cuelgan sonoras sobre su pecho. Pulseras relucientes brillan en sus muñecas. Su mirada vanidosa recorre los cuerpos apenas vestidos de los 300 espartanos, sus manos grandes, sus barbas cerradas, sus ojos que le contemplan silenciosos.

El Rey Leónidas ante él. Las piernas separadas. Los brazos en jarras. El torso subiendo y bajando despacio, calmado, hijo de una respiración que no sabe lo que es alterarse. Avanza un paso. Tiende su mano derecha. Dame tus armas, le dice al rey espartano. Y la historia de Occidente pasa ante ellos.

Leónidas mueve el brazo derecho. Adelanta la mano. Hace un gesto con los dedos indicando al embajador que se acerque. Que se acerque si se atreve. Dice las palabras que recorrerán la Historia de la Humanidad como prueba de que el valor separa las nubes y calla al viento: ΜΟΛΩΝ ΛΑΒΣ, ven y cógelas. Ven y coge mis armas, quítamelas, ten el valor de hacerlo, porque te juro aquí y ahora que sólo quitándomelas, sólo arrancándolas de mi cuerpo helado y muerto, me harás que deje de empuñarlas, que ceje en la defensa de los míos, que me detenga en mi orgullo de hombre libre que antes morirá que rendirse ante nada, ni ante nadie. Porque soy un hombre. Soy libre. Y ni uno, ni mil imperios me harán dejar de serlo. Quítame la vida, porque la libertad nunca me la quitarás.

Molon Labe

Molon Labe

Derrochando Coraje y Corazón

La tocas y aún te duele. La cicatriz sigue ahí, junto a las otras y todavía escuece. Y sin embargo sabes que curará, no tienes ninguna duda. Ya has pasado por esto otras veces y así ha sido. En esta ocasión no va a ser diferente. Es como si cada vez te costará menos superarlo, como si con cada nuevo golpe tu coraza atlética saliera más y más reforzada.

Cualquier otro hubiera caído, cualquier otro se habría rendido. Tú no, no puedes, ni aunque quisieras. Te enfundas la “rojiblanca” y enarbolas tu bandera más orgulloso si cabe. Eso es lo que te han enseñado los tuyos, aquellos que te precedieron y que se dejaron la vida y el alma animando a este equipo de leyenda. Aquí nunca se desfallece. Siempre se está ahí, en las buenas, pero sobretodo, en las malas.

Cuando parece que el fuego se ha extinguido dentro de ti, de repente y sin saber muy bien porqué, un pequeño rescoldo comienza a refulgir y a hacerse cada vez más grande, cada vez más fuerte, hasta provocar un incendio que inflama de nuevo el mítico escudo en tu pecho. Y el oso vuelve a rugir atronador defendiendo su madroño. Y las estrellas recuperan su brillo cegador en un cielo de renovado azul. Y las barras rojiblancas vuelven a erguirse impetuosas como si nada hubiera pasado.

Hay un “algo” que ha vuelto a colocarlo todo en su sitio y que ha propiciado el resurgir poderoso del guerrero. Tu cabeza se yergue, tus ojos se iluminan altivos y una vez más te vuelves para dedicar una mirada valiente a los de “enfrente”, a esos que estaban convencidos de haberte asestado una cuchillada mortal y que ahora asisten perplejos a tu glorioso renacer. Y no sólo al tuyo, ese “algo” ha obrado el milagro en muchos otros, cientos, miles de bravos colchoneros que vuelven a unir sus gargantas para gritar juntos que su Atleti sigue en pie, que no se rinde y que no lo hará jamás.

Ellos no lo pueden entender. Quieren ese “algo” que tú tienes, lo anhelan, lo desean fervientemente y sin embargo, los pobres infelices no se dan cuenta de que nunca podrán conseguirlo. Porque ese “algo” que corre por tus venas y que se llama “Orgullo” a ellos nunca les ha hecho falta, ellos consiguen las cosas de “otra manera”, pero en el fondo darían lo que fuera por poder hacerlo como tú lo llevas haciendo toda la vida, derrochando Coraje y Corazón.


“Dedicado a toda la indomable hinchada atlética, esa a la cual, cada día que pasa, estoy más orgulloso de pertenecer”.

Derrochando Coraje y Corazón